Aventura
Aventura Se mantenían bastante reservados, confundidos por su presencia, y ella por su parte se sentía sorprendida al ver cómo ambos la miraban curiosamente. Notó que la estaban estudiando, examinando, y por primera vez se dio cuenta con cierto desagrado de la extraña situación que vivía en Beranda. Aquellos hombres la intrigaban, también. No eran comerciantes, ni marinos de los que ella conocía, pero tampoco se expresaban con un lenguaje culto, a pesar de su apariencia completamente impecable y de ese leve barniz que distingue a un individuo más o menos refinado de clase media. Evidentemente eran comerciantes, hombres de negocios, pero ¿cuál sería el negocio que se traían entre manos y que venían a tratar en Beranda? El mayor de los dos, Morgan, era feo, moreno, de grandes bigotes y voz grave, casi gutural. El otro se llamaba Raff; era flaco, afeminado, bien afeitado, ojos azules claros, y un acento que a Joan le pareció procedente de algún barrio londinense, a pesar de que nunca se había encontrado con personas procedentes de tales barrios. En cualquier caso, llegó a la conclusión de que eran tipos de cuidado, y casi tembló ante la idea de caer en sus manos en cualquier mal negocio. Tenían todo el aspecto de dos hombres sin escrúpulos.