Aventura

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—¡Por supuesto! De esta forma nos ahorraríamos el sueldo de un capitán. Estableceríamos un acuerdo según el cual se le pagaría a usted el sueldo de gerente, y a mí el de capitán. Es la cosa más simple del mundo. Además, si no me aceptase como socia, me compraría las tierras de Pari-Sulay y terminaría mandando un barco mucho menor. ¿Cuál sería la diferencia?

—¿Que cuál sería? Pues que en Pari-Sulay correría usted su propia suerte, completamente independiente. Por mí, podría convertirse en caníbal, si quisiera. Pero en Beranda sería usted mi socia, y yo sería el responsable. Y como responsable, no podría permitirle que gobernase un barco destinado a reclutar trabajadores. Se lo digo y se lo repito de mil formas diferentes: es algo que no le dejaría hacer a mi hermana, ni a mi mujer…

—Gracias a Dios, yo no seré ni lo uno ni lo otro… únicamente su socia.

Además es un plan descabellado —concluyó Sheldon—. Tenemos que ver también la situación de un hombre y de una mujer, ambos jóvenes, y socios de una plantación en una isla. Lo único práctico que conseguiríamos sería que usted tendría que casarse conmigo…

—Mi propuesta es de negocios, no matrimonial —le atajó ella, roja de ira—. ¡Qué triste me resulta que no haya nadie en el mundo que me quiera como socio!


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