Aventura
Aventura —Pero al convertirse en socio, no deja por ello de ser mujer, y existen ciertas conveniencias y formulismos… La joven no aguantó más. Se levantó y, golpeando el suelo con el pie, preguntó:
—¿Quiere saber lo que pienso?
—Ya lo sé —replicó él riendo—. Usted piensa: «¡Abajo las faldas!».
Ella negó con la cabeza, enojada.
—Eso es lo que pienso, pero en su boca suena diferente. Parece que lo dijera usted de burla, refiriéndose más a mà que al hecho en sÃ. En fin, me voy a la cama. Piense en mi propuesta y deme mañana la respuesta. De nada sirve que sigamos discutiendo ahora; me saca usted de quicio. Es usted un cobarde, ¿lo sabÃa?, cobarde y egoÃsta, y le aterra lo que puedan pensar los idiotas. Le molesta que le critiquen, y piensa más en su orgullo herido que en mÃ. Es tan cobarde como todos los hombres, e intenta ocultar su cobardÃa tras una aparente caballerosidad. Gracias a Dios, yo no he nacido hombre. Buenas noches. Piense en lo que le he dicho y no haga tonterÃas. Lo que más necesita Beranda en este momento es un buen impulso americano. Usted no sabe lo que es eso. Está usted excitado y, además, en las nubes. Yo represento para este clima un factor nuevo. Permita que sea su socia y verá cómo hago temblar la isla de uno a otro extremo, como he hecho con usted. Confiéselo.