Aventura
Aventura Sobre Malaita se elevaba en su plenitud la reina de la noche, derramando su luz sobre la plantación. Todo permanecía tranquilo e inmóvil en la quietud del aire, taladrado únicamente por los quejidos procedentes del sanatorio. Bajo los techos de paja, unos doscientos hombres de cabezas lanudas descansaban las penalidades del trabajo, y muchos de ellos se estiraban para oír los juramentos de alguien que osaba maldecir al hombre blanco, que nunca dormía. En el patio de la casa ardía el aceite de las linternas. Dentro, el odiado hombre blanco gemía y se agitaba, entre el fusil y el revólver, inquieto en sus pesadillas.