Aventura

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El chaparrón fue ennegreciendo el firmamento y revolvió las aguas en el lugar en que había visto por última vez a los nadadores, acabando por borrar cielo y mar en un formidable diluvio. Pasada la borrasca, Beranda recibió los primeros rayos de sol justo en el momento en que los audaces nadadores alcanzaban finalmente la playa. Sheldon guardó el catalejo y permaneció escondido detrás de la puerta para ver a Joan, que entró en el pasillo sacudiendo su pelo empapado por el agua fresca de la lluvia.

Aquella misma tarde, mientras estaban los dos descansando en la galería, Sheldon hizo referencia de forma disimulada al asunto del barco, explicando la necesidad que Beranda tenía de él, así como de un ama de llaves que se encargase de los criados y del almacén, entre otras cosas.

—¿De modo que no le gusta mi forma de gobernar la casa? —dijo la joven—. En ese caso, lo que podría ocurrir es que rescindiésemos nuestro contrato, y yo me fuese, dejándole a usted con el ama de llaves, o que me la llevara conmigo en el bote, para lanzarla en medio del mar. ¿Realmente piensa que he llegado hasta este miserable rincón de la tierra, después de atravesar esos mares de Dios, para entregarme a manos de un ama?

—Pero, usted sabe…, después de todo…, lo cierto es que un ama, una mujer de confianza, es un mal necesario —explicó Sheldon.


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