Aventura
Aventura —¡Lo haré, ya lo creo que lo haré! Me he cansado de tanta protección. No olvide que me basto yo sola para todo. Además tengo ocho hombres que son los mejores guardaespaldas del mundo.
—Usted deberÃa haber nacido hace mil años —dijo Sheldon riendo—, o dentro de mil años. Es al mismo tiempo demasiado primitiva, y demasiado moderna. El siglo XX no es bueno para usted.
—Puede que no, pero las Islas Salomón sà que lo son. Cuando llegué, usted vivÃa como un salvaje, comiendo únicamente conservas y porquerÃas capaces de cortarle la digestión a un camello. Gracias a Dios logré terminar con todo eso, y continuaré combatiéndolo mientras seamos socios. Le aseguro que no morirá por mala alimentación.
—Si nos asociamos —aceptó Sheldon— tendrá que quedar bien claro que el gobierno de la goleta no correrá a su cargo. Usted puede ir a Sydney, si quiere, para comprarla, pero debe buscar también un capitán.
—Para aumentar los gastos considerablemente. Y lo más seguro es que terminemos dando con un borracho incompetente incapaz de hacer nada a derechas. Conozco el trabajo mejor que cualquier hombre al que podamos contratar. No encontrará usted en el PacÃfico a un capitán que esté mejor enterado que yo de cada uno de los detalles de todas las rutas. No olvide que soy navegante.