Aventura
Aventura —Pero no por asociarse conmigo dejará usted de ser una señorita —advirtió él frÃamente.
—Gracias por recordarme una vez más que mi forma de proceder es impropia de una señorita.
Y casi llorando, se levantó y se acercó al fonógrafo, mientras decÃa:
—Pero ¿cómo es posible que todos los hombres sean tan estúpidos?
Sheldon se encogió de hombros, sonriendo como respuesta, seguro de que era inútil seguir discutiendo, y que serÃa más rentable quedarse callado.
Antes de anochecer, Joan se rindió. Aceptó ir a Sydney en el primer vapor; comprarÃa una goleta y la traerÃa con un capitán de la isla a bordo. Aquel acuerdo terminó de convencer a Sheldon para que la dejase de buen grado intentar alguna incursión para reclutar trabajadores por las islas, siempre que no desembarcase en Malaita. Esa isla quedaba vedada para ella; y Sheldon mantuvo firme esta negativa.