Aventura
Aventura No había leído ni conocido nada que pudiese compararse con esto, que excedía a cualquier ficción. Era demasiado inverosímil como para ser creíble. Se atusaba el bigote mientras fumaba un cigarro detrás de otro. Satanás, después de pasear por el patio, subió a su lado y le mojó la mano con su húmedo hocico. Sheldon acarició al animal, le alisó las orejas y se dejó caer sobre una silla, riendo a pierna suelta. ¿Qué pensaría de todo aquello el Comisario de las Islas Salomón? ¿Qué le parecería a su familia? Por un lado se alegraba de haber constituido la sociedad, y por otro le entristecía que Joan Lackland hubiese llegado a las Islas Salomón. Entonces se levantó para mirarse en un espejo de mano y permaneció durante un buen rato examinando su aspecto, preocupado y meditabundo.