Aventura
Aventura Desgraciadamente para sus planes, no sabía cómo se las gastaban los blancos, y el hombre con quien hablaba en aquel momento se lo enseñó, cuando se presentó en su choza al despuntar el alba. Su primera reacción fue de alegría: tan seguro se sentía entre los suyos; pero al ver que el asunto se ponía serio, quiso pedir socorro, y un puñetazo ahogó el grito dentro de la boca, mientras que una mano le estrangulaba, dejándole totalmente indefenso. Cuando recuperó el conocimiento se encontraba a bordo del bote del hombre blanco, camino de Beranda, donde permaneció prisionero, arrastrando grilletes y cadenas. No logró ser liberado hasta que su tribu devolvió a los tres desertores, y aun después su pueblo tuvo que pagar una multa de diez mil cocos, impuesta por el terrible hombre blanco. A partir de aquel episodio, en lugar de proteger a los desertores que huían hacia Malaita, se dedicó a darles caza. Era un negocio más seguro. Sheldon le daba una caja de tabaco por cabeza. Pero si algún día se le presentaba la oportunidad de apresar al blanco, porque se encontrase indefenso o porque cometiera alguna imprudencia a su lado, en medio de la espesura del bosque, ¡ah!, entonces sería su cabeza la que vendería en Malaita a buen precio.