Aventura
Aventura —Ahora ella es el único capitán del Flibberty —añadió Oleson—. Y lo hundirá, tan seguro como que Dios creó las Salomón.
El doctor Welshmere continuaba riéndose del enfado del capitán.
—Algo debe de tener en la cabeza esta joven —dijo—. Yo intenté persuadirla para que no embarcase los animales, protestando que no podÃa admitir aquel cargamento; pero no sirvió de nada. «No se preocupe por el cargamento —me dijo—. Admita a los caballos como personas educadas, y cuando reflote la Martha le devolveré el favor».
—¡Y «olvÃdese de sus órdenes»!, me dijo también a mà —exclamó el capitán—. «Ahora quien manda soy yo, y usted solo tiene que obedecer mis órdenes». «Pero mire ese cargamento de marfil vegetal», le dije. «Al diablo con él —me replicó—; yo necesito este barco para otra cosa, y en cuanto levemos anclas echaremos ese cargamento por la borda».
Sheldon se llevó las manos a la cabeza.
—No sé qué es lo que está pasando, ni es esta tampoco la mejor forma de enterarme. Lo mejor será que entremos en la casa, y me lo cuenten todo desde el principio.
—Antes que nada —dijo el capitán en cuanto se hubieron sentado—, necesito saber si esa joven es su socia realmente.