Aventura

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—Si miss Lackland, que es mi socia, ha decidido como lo más adecuado hacerse cargo del Flibberty-Gibbet, no tengo nada que decir —explicó Sheldon con más tranquilidad de la que realmente tenía—. Como comprenderá, no había tiempo que perder si querían reflotar la Martha. Aquellos arrecifes de coral son terribles, y la menor marejada terminaría de hundir el barco. Quédese aquí y descanse sin preocuparse de otra cosa que acabar con esa fiebre. Cuando regrese el Flibberty volverá usted al mando, por supuesto.

Cuando el doctor Welshmere se hizo nuevamente a la mar con el Apostle y el capitán Oleson se dejó caer sobre la hamaca de la galería, Sheldon rasgó el sobre y comenzó a leer la carta de Joan:

«Querido Mr. Sheldon: Espero que me perdone el robo del Flibberty-Gibbet. No tuve alternativa. La Martha se lo merece. Imagine usted: apenas he pagado cincuenta y cinco libras por ella: doscientos setenta y cinco dólares. Aunque no logre reflotarla, rescataré el precio que he pagado por ella, vendiendo todo lo que los indígenas hayan dejado después de sus rapiñas. Y si logro salvarla, quedaría resuelto para siempre nuestro problema. En caso de que fracase, tampoco tenemos que desanimarnos, porque por lo menos llenaré de negros la Emily y el Flibberty. Los trabajadores para Beranda son más necesarios en este momento que cualquier otra cosa.


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