Aventura
Aventura —¿Qué hace usted asustando a mis hombres? —le preguntó Joan a Sheldon—. Vamos, suba. ¿Qué le parecen? —preguntó después de estrechar su mano—. ¿Y qué le parece esa maravilla? —añadió, señalándole la Martha—. Después dirán que no se pueden reclutar trabajadores en Poonga-Poonga. ¿Ve usted a ese de la nariz rota? Es el único que no viene de Poonga-Poonga. FÃjese en ellos y felicÃteme. Todos son hombres jóvenes y fuertes, del primero al último. Tengo que contarle tantas cosas que no sabrÃa por dónde empezar. Pero no lo haré hasta que me diga que ya no está enfadado… ¿De dónde eres, Ogu? —preguntó Joan al negro que se acercaba en ese momento, prosiguiendo con su interrogatorio.
Pero Ogu procedÃa del interior de la jungla y no comprendÃa ni el inglés ni aquella jerga inglesa que hablaban sus compañeros de la costa. Media docena de ellos se esforzaban en explicarle la pregunta.
—Solo faltan dos o tres —le explicó Joan a Sheldon—, y terminaremos enseguida. Pero todavÃa no me ha dicho que ya no está enfadado.
Sheldon la miró a los ojos, y descubrió aquella tranquila mirada que en cualquier momento podÃa hacerse desafiante.