Aventura
Aventura —Estaba furioso —contestó—. Y todavÃa lo estoy… —y al notar que nacÃa nuevamente la mirada provocadora de la joven, añadió apresuradamente—: a pesar de ello, la perdoné, como perdono ahora todo, aunque tengo que insistir…
—En colocarme bajo la custodia de una institutriz —le interrumpió ella—. Ni lo sueñe. Gracias a Dios, ya soy mayor de edad, y muy capaz de hacer mis propios negocios. Y hablando de ello: ¿qué le han parecido mis estrategias americanas?
—Según he sabido, a Mr. Raff no le agradan especialmente, y usted misma debe de traer los huesos molidos después del esfuerzo de estas semanas. Me gustarÃa saber si cualquier mujer norteamericana saldrÃa airosa de una aventura semejante.
—Por supuesto. Todas nosotras somos iguales —añadió Joan con modestia, mientras le brillaban los ojos de satisfacción por aquel inesperado piropo.