Aventura
Aventura Munster llenó nuevamente su vaso, mientras Sheldon le echaba una mirada a la choza, esperando que Joan saliese. Sparrowhawk continuó su relato:
—¡Y muy valiente!… Nunca he visto a nadie con tanto coraje. Si usted hubiese estado en Poonga-Poonga cuando llegamos… Aquello era una tempestad de Sniders disparando desde la costa y entre los arbustos, y de tambores de guerra retumbando en la selva, con hogueras de señales encendidas en todas partes. «Se han puesto en pie de guerra», aseguró el capitán Munster.
—Es cierto, esas fueron mis palabras —corroboró el marino—. ParecÃa una sublevación. Era algo que podrÃan ver hasta los ciegos, y oÃr hasta los sordos.
—«PodÃa usted esperar a que echemos el ancla para asustarse», le dijo la muchacha —continuó relatando el piloto.
—Eso me dijo —reconoció Munster—, y me enfadó tanto, que ya me daba igual lo que pudiera pasar. Intentamos mandar a tierra una embarcación, pero la rechazaron. Cada vez que intentábamos acercarnos, nos disparaban desde algún lugar en el bosque donde permanecÃan escondidos los negros.