Aventura

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—Le expliqué que no podía hacer aquello —aseguró Munster—, ya que la Martha no tenía licencia para transportar negros. Y entonces miss Lackland me respondió: «¿Ve usted aquella lengua de tierra donde rompen las olas? No tienen más que acercarse un poco, procurando no embarrancar en los escollos, y la corriente les permitirá una varada suave. Entonces yo salvaré a sus negros y me iré a todo trapo. Ustedes esperarán mientras tanto a que los levante la marea, y se irán tan campantes en busca de más trabajadores. No hay ley que les impida reclutar nuevos braceros cuando están vacíos». «Pero sí hay leyes que impiden dejar morir de hambre a los negros —repliqué—, y usted sabe mejor que yo que no tenemos kai-kai a bordo; y que en la Martha no queda ni un mendrugo de pan». «No se preocupe por el kai-kai, Mr. Munster —contestó ella—, que si yo puedo encontrar comida para ochenta y cuatro bocas en la Martha, ustedes también podrán aprovisionar sus barcos. ¡Vamos! Intenten varar antes de que se levante una brisa que les impida la maniobra. En cuanto toquen fondo, enviaré mis botes en su ayuda. Buenos días, caballeros».

—Y eso fue lo que hicimos —explicó Sparrowhawk—. Varamos ambos barcos con increíble suavidad, y con un desorden que era digno de verse. Miss Lackland transbordó a los negros, y la estratagema tuvo éxito. Esa joven es una maravilla, una auténtica maravilla.


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