Aventura
Aventura —Nunca he visto nada tan negro como aquellos árboles tropicales de la playa —continuó Munster—. Mantuve mi mirada en aquellas plantas enormes, hasta que me pareció que se me salÃan los ojos. Entonces me distraje contemplando las estrellas y escuchando el monótono canto de la resaca. Un perro comenzó a ladrar. ¿Recuerda aquel perro, Sparrowhawk? Casi me mató de un susto al principio. Después de un rato se calló. Me di cuenta de que no le ladraba a nuestros expedicionarios. El silencio se hizo cada vez más espeso y la oscuridad más impenetrable. Todo mi valor en aquella noche se redujo a no caer en la tentación de gritarle a Curtis, que se encontraba en el bote de la orilla, para darme cuenta de que no era yo el único superviviente de aquella incursión.
»Como puede imaginar, enseguida se armó un revuelo de mil demonios. TenÃa que pasar, y lo cierto es que lo esperaba; aunque no por ello me sorprendió menos. Nunca he escuchado yo gritos y alaridos como aquellos. Los negros debÃan de haberse lanzado jungla adentro, sin detenerse a descubrir la causa de ese miedo, mientras los tahitianos, desenfrenados, disparaban sus armas al aire, ahuyentándolos. Entonces, inesperadamente, sobrevino nuevamente el silencio…, fue un silencio profundo, en el que se destacaban los sollozos de algún crÃo abandonado por su madre en medio de la refriega.