Aventura
Aventura Joan dijo con un suspiro:
—De acuerdo; acabo de demostrarle la eficacia de los métodos americanos para conseguir el éxito y hacer algo de provecho, y me viene usted otra vez con sus prejuicios y tonterÃas.
HabÃan pasado ya cinco dÃas. Sheldon y la muchacha contemplaban desde la galerÃa cómo viraba la Martha, impulsada por el viento, muy cerca de la playa. Joan aún no habÃa dicho una palabra que descubriese los secretos de su corazón. Aun asÃ, Sheldon era capaz de interpretar su silencio, y adivinaba los esfuerzos que hacÃa para controlarse, esperando siempre que fuese él quien le aconsejase hacerse cargo de aquella goleta. La necesidad de buscar un capitán habÃa aparecido nuevamente como origen de sus discusiones. Nadie le agradaba a Joan para ese cargo.
—¿Oleson? —decÃa la muchacha—. De acuerdo, que se ocupe del Flibberty, siempre que podamos acudir en su ayuda para evitar que el barco se estrelle, en uno de esos achaques que le dan. Pero ¿como patrón de la Martha? ¡Ni soñarlo!
»¿Munster? Es el único hombre en las Salomón a quien le confiarÃa esta responsabilidad; pero fue él quien perdió el Umbawa…, ciento cuarenta hombres murieron ahogados. Era el primer oficial, y se negó a obedecer órdenes. No es extraño que fuera destituido.
