Aventura
Aventura Sheldon tuvo que reconocer que aquella crÃtica era cierta. La verdad es que lo que Joan habÃa hecho podrÃa haberlo realizado sin ser socia suya. Él no habÃa participado en absoluto en el reflotamiento del barco. Completamente abandonada, y sin nadie para aconsejarla; teniendo que soportar las groserÃas de las personas de Guvutu y la competencia de sujetos como Morgan o Raff, lo cierto es que ella se habÃa metido sola en aquella aventura, y habÃa terminado triunfando.
Sheldon se dio cuenta de que a Joan le temblaban los labios y se le humedecÃa la mirada. Recordó al chiquillo que habÃa en ella y que sollozaba por la pérdida del barquito con el que acostumbraba a jugar. ¡Ah! ¡Qué mezcla de contradicciones se daban en aquella criatura! ¿La amarÃa de la misma forma el dÃa en que se liberase de todos sus rasgos infantiles y se convirtiese definitivamente en una mujer? Sintió en su espÃritu la certeza de que realmente la amaba por ser como era, con todas sus cualidades y defectos; por la suma de todos sus valores y peculiaridades, sin despreciar nada, cuya falta hubiese podido desequilibrar la armonÃa del conjunto.
—A usted no le gustan los barcos igual que a mà —exclamó la joven—, y por eso cree que solo digo tonterÃas. Pero algún dÃa seré la capitana de la Martha, se lo aseguro.