Aventura
Aventura —A mà me faltan dos cartucheras, y un sinfÃn de pañuelos, sábanas y toallas, además de mis mejores zapatillas. De todas formas, no logro imaginarme para qué pueden querer su cepillo de dientes. Son capaces de robar hasta las bolas de billar.
—Ya noté la falta de una, algunas semanas antes de su llegada —añadió Sheldon, riendo—. Esta tarde registraremos sus cajas.
El trabajo que se realizó aquella tarde fue enorme. Joan y Sheldon, bien armados y escoltados por los criados y por media docena de hombres fieles, visitaron las chozas una por una, llamando a cada uno de los negros que era dueño de aquella vivienda. El dueño de los baúles que iban encontrando les entregaba la llave, y a cambio le era permitido presenciar el registro que llevaban a cabo los criados.