Aventura
Aventura —¡No les golpee, por favor! —pidió Joan en un susurro—. Si no hay otro remedio, mándelos a Tulagi y que les azote el Gobierno. Deles a elegir entre una multa y el castigo acostumbrado.
Sheldon aceptó con un gesto, y se incorporó, encarándose con los negros.
—¡Manonmie! —llamó.
Manonmie dio un paso al frente y le miró.
—Eres muy mala persona —le increpó Sheldon—. Has robado mucho. Una toalla, un cuchillo, dos veces diez cartuchos. ¡Demonios! Eres muy ladrón, y estoy enfadado contigo. ¿Qué prefieres? ¿Quieres que te quite una libra en tu cuenta del libro grande, o si no te gusta eso, te mando a Tulagi y digo a Gobierno que te azote? Muchos hombres de Nueva Georgia, muchos hombres de Isabela, en la cárcel de Tulagi. Ellos odian a los de Malaita. ¡Palabra! Te azotarÃan con rabia. ¿Qué prefieres?
—Quiero una libra menos —respondió el negro con alivio, mientras Sheldon le restaba una libra en el libro de cuentas.
Uno por uno fue convocando a todos los culpables de robo, y les fue dando a elegir, y todos escogÃan la multa impuesta, algunas de las cuales eran de apenas unos chelines, mientras que las que correspondÃan al robo de armas y municiones eran las más elevadas.