Aventura
Aventura El negro acentuó su expresión de desprecio, pero no dijo nada. Miró hacia ambos lados, para comprobar que sus amigos no le habían abandonado en aquella ocasión, y avanzó un paso más, fingiendo indiferencia. Joan comprendía perfectamente lo desesperado de aquella situación. Solo podía intentar escapar de aquella encerrona. Levantó su fusta, e hincando las espuelas a los costados del caballo, lanzó a la bestia encabritada sobre Gogoomy. Todos se abalanzaron sobre ella, blandiendo sus lanzas, excepto Gogoomy, que se vio obligado a saltar a un lado para evitar que el caballo le atropellase, mientras con su terrible cuchillo lanzaba un tajo capaz de cortar por la mitad el cuerpo de Joan. Pero la amazona, con unos reflejos de acero, se agachó lo justo para que el brillante acero pasara por encima de su cabeza, rasgando los faldones de la montura e hiriendo al caballo en sus cuartos traseros. La valiente joven utilizó entonces el látigo con tanta habilidad en medio del apuro, que pudo ver cómo el golpe se marcaba con toda claridad en el hermoso rostro de Gogoomy, atravesándoselo de lado a lado. Mientras tanto, el viejo de rostro arrugado había sido atropellado por el caballo, y rodaba por el suelo lanzando salvajes aullidos, como si fuese un mono rabioso. Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Joan había logrado escapar, castigando en su huida al líder de los rebeldes. Enseguida se dio cuenta de la actividad que podía desplegar Sheldon, cuando le refirió lo que había ocurrido. Saltó de la silla donde la esperaba para comer, como impulsado por un resorte, y llamó a voces a los criados. Todavía le estaba contando el final, cuando él ya se había colocado la cartuchera, y cargaba su revólver.