Aventura
Aventura El escarmiento al desertor y al desobediente había restaurado la disciplina, y se doblegaban bajo aquella mano férrea, permitiéndose muecas y miradas de odio solamente cuando el blanco les daba la espalda, y guardando sus insultos para la soledad de sus chozas. No hubo más deserciones, ni aproximaciones al bungalow.
En la madrugada del tercer día, y a unas ocho millas de distancia, se avistaron las velas blancas de la Jessie, aunque hasta las dos de la tarde las banderolas de señales no permitieron que echase anclas a un cuarto de milla de la costa. La visión del barco animó tanto a Sheldon que no le importó aquella espera. Dio órdenes a los capataces de destacamento y realizó una visita al hospital, sin preocuparse por nada. Ahora acabarían sus problemas, podría tumbarse a su antojo y entregarse por completo a cuidar de sí mismo y de su recuperación. Su socio, Hugo Drummond, se encontraba a bordo, lleno de salud, después de haber recorrido Malaita durante mes y medio para reclutar nuevos trabajadores. Él se encargaría en el futuro de la plantación, y todo saldría bien.