Aventura
Aventura Halló a Tudor inconsciente, se lo cargó a la espalda y lo llevó durante una milla de distancia por el sendero en el que habían desaparecido sus compañeros expedicionarios. Allí abandonó el camino y cogió otro escondido entre la maleza. Un cuarto de hora después, incapaz de seguir llevando aquel peso, lo dejó en el hueco que había en el tronco de una gigantesca higuera, donde era difícil que lo encontrasen. Al regresar al campamento con la intención de salvar los fusiles y algo de los pertrechos, había visto un grupo de bosquimanos que bajaban por el camino que él seguía, y no tuvo más remedio que esconderse detrás de las plantas. Desde allí pudo escuchar claramente dos tiros de fusil, procedentes del nuevo campamento, y ya no supo nada más de ellos. No volvió a ver a los blancos, ni a aproximarse a su campamento. Regresó junto a Tudor, con quien permaneció escondido una semana, alimentándose con frutas silvestres, y después reinició el camino para traer las noticias de lo ocurrido a Beranda. Tudor se encontraba desmayado de fiebre, y cuando se despejaba se encontraba tan agotado que no lograba valerse por sí mismo.
—¿Por qué no mataste al amo blanco? —le interrogó Joan—. Él tenía un rifle, mucha indiana, tabaco, cuchillos… Dos disparos en su cabeza: ¡pum!, ¡pum!, y todo sería tuyo.
El negro mostró una sonrisa perversa.