Aventura
Aventura Enseguida tuvo lugar el primer accidente. Charley de Binu se habÃa rezagado por casualidad, y Koogoo, el negro de Poonga-Poonga que se burlaba diciendo que se iba a comer a aquellos salvajes, marchaba a la cabeza. Joan y Sheldon escucharon un sonido semejante al que hace un cordel al vibrar, y al mismo tiempo vieron cómo Koogoo extendÃa sus brazos dejando caer su fusil, como si hubiese tropezado, cayendo de bruces hacia adelante. Por su espalda asomaba la punta de una flecha de hueso, que lo habÃa atravesado por completo. La expedición se esparció inmediatamente, sin quitar el dedo del gatillo, con la intención de registrar la espesura palmo a palmo. Pero no volvieron a oÃr nada, ni siquiera el crujido de algún matorral. Un silencio fresco y opresivo lo dominaba todo nuevamente.
—No veréis a nadie —susurró Charley con una voz que asustó a algunos salvajes expedicionarios—. Siempre la misma desgracia. Koogoo imprudente.
El herido, que habÃa encogido los brazos mientras agonizaba, comenzó a estremecerse. TodavÃa jadeaba con su último aliento cuando Charley se reclinó sobre él. Finalmente se movió en un convulsivo estertor, y se quedó completamente inmóvil. HabÃa muerto.
—Le ha atravesado el corazón —dijo Sheldon después de examinar el cadáver—. Debe de haber pisado alguna trampa.