Aventura
Aventura El camino seguÃa su ascensión saliendo de aquella bruma que, ocasionalmente, removÃa de nuevo el fondo de vegetación, pero que poco a poco iba trepando por la vertiente, superando un cerro, más elevada a cada momento, en el punto donde los árboles vencÃan a los matorrales, y se iba abriendo progresivamente a la claridad del cielo.
—¡Todos quietos! —exclamó Charley en un susurro.
De las alturas les llegaba el sordo redoble de un tambor, pero en la alegrÃa con que lo tocaban no encontraron ninguna señal de alarma ni nada parecido. Se encontraban frente a un poblado. PodÃan escuchar el canto de los gallos, voces de mujeres que discutÃan y, también, el llanto de un niño. Caminaron por una senda muy pisoteada y tan empinada, que tenÃan que pararse con frecuencia para recuperar el aliento. Nunca se ensanchaba aquel sendero, y las lluvias y pies de varias generaciones habÃan ido ahondando algunos de sus tramos.
—Un hombre con un rifle puede hacerse con la situación —le dijo Sheldon a Joan al oÃdo.