Aventura
Aventura Al llegar al poblado, que habÃa sido levantado sobre una meseta cubierta de hierba, fueron recibidos por un coro salvaje de gritos de alarma. Las mujeres salieron de las chozas y corrieron aterradas hacia la jungla, arrastrando a su paso a todos los chiquillos que encontraban. Al mismo tiempo, una lluvia de lanzas y flechas recibió a los invasores. Sheldon ordenó a los guerreros de Poonga-Poonga que disparasen sus rifles. Inmediatamente cesaron las hostilidades, porque los salvajes se perdieron entre la espesura, dejando atrás seis muertos y arrastrando también a algunos heridos. Los tahitianos y los negros de Poonga-Poonga, enardecidos por aquella rápida victoria que ni siquiera habÃa producido una baja entre sus filas, querÃan perseguir a los bosquimanos. Sheldon se lo impidió, sin embargo, sorprendido de que Joan aprobase su decisión, ya que habÃa visto a la joven durante la batalla, pálida y decidida como una espada justiciera, y con un brillo de diosa vengadora en sus ojos.
—¡Pobres salvajes! Lo único que hacen es actuar conforme a su naturaleza —exclamó Joan—. Comerse a sus enemigos y cortar sus cabezas es para ellos la cosa más normal del mundo.
—Aun asÃ, tenemos que enseñarles a respetar la cabeza de un hombre blanco —replicó Sheldon.
—Es cierto.