Aventura
Aventura —Me ha hecho daño en el brazo —dijo la joven, como respondiendo a su interrogadora mirada. Sheldon no pudo evitar una sonrisa. Era tan propio de ella, tan propio de su carácter de adolescente entrar corriendo para protestar por el daño recibido. Estaba claro que no era una mujer habituada a tratar con hombres. Al oÃrla quejarse por el dolor de su brazo, cuando todavÃa flotaba en el aire el estampido de su bofetada, Sheldon volvió a sonreÃr.
Aquella sonrisa convenció a Joan de la inutilidad de esconder la causa de su queja, y la sangre de todo su cuerpo pareció acudirle inmediatamente al rostro. Nunca la habÃa visto Sheldon tan hermosa. Su ira se veÃa avivada por la vergüenza y el pudor.
—Él…, él… —intentó justificar tanta rabia; pero repentinamente se giró y salió corriendo, desapareciendo por la otra puerta.