Aventura
Aventura —No entiende porque no quiere.
—Lo único que está claro —prosiguió Sheldon sin alterar su tono firme y sereno— es que está usted exagerando este fracaso, dándole más importancia de la que tiene.
Tudor hizo un gesto de burla.
—Es evidente que es usted quien exagera, al invitarme a dejar Beranda; como si aquà no hubiese lugar para ambos. Muy bien, pues seré yo quien le diga que, en efecto, las Salomón son demasiado pequeñas para los dos, y que hemos de solucionar esto sin demora. Ahora mismo.
—Concedo que esas fanfarronadas encajan muy bien con su carácter —prosiguió Sheldon sin alterarse—; aunque no veo por qué debe utilizarlos conmigo. Sin duda no querrá usted que peleemos.
—Eso es exactamente lo que quiero.
—¿Por qué motivo?
Tudor le miró despectivamente.
—No es de extrañar que cualquiera pueda cortejar a su mujer —dijo.
—Yo no estoy casado —atajó Sheldon.
—Pues deberÃa casarse. Esta situación es inmoral. Por lo menos deberÃa casarse con ella, tal y como yo estoy dispuesto a hacerlo con el mayor placer.
Sheldon notó cómo comenzaba a hervirle la sangre.