Aventura
Aventura Durante toda la noche, terrible por las ráfagas de aire y los chaparrones que asolaron la plantación, arrancando de cuajo árboles, derribando cajones de copra y estremeciendo la casa sobre sus altos pilares, Sheldon durmió ajeno a cualquier peligro, de un tirón y sin modificar siquiera su postura. Cuando se despertó era otro hombre; tenía hambre, incluso, ya que llevaba una semana sin comer, y se bebió un vaso de leche condensada disuelta en agua, y a las diez se atrevió con un tazón de sopa de carne. Estaba feliz con el giro que tomaban los acontecimientos. A pesar de la tormenta, solo se había producido una muerte en el hospital, y solo había llegado un nuevo enfermo, mientras que media docena de hombres regresaban ya sanos a sus jacales. Todo esto le hizo pensar que el viento había asolado también la enfermedad, purificando aquella tierra nauseabunda.