Aventura
Aventura —Continúe riendo, mientras voy a preparar la comida. ¿Le apetece a usted algo?
Él negó con la cabeza.
—Ya le buscaré algo para comer. La fiebre ha desaparecido totalmente, y solo le queda un poco de debilidad. Espere un momento.
Ella se marchó corriendo hacia la cocina, y tropezó en el umbral de la puerta, ya que iba vestida con unas sandalias demasiado grandes para sus pequeños pies.
«¡Diablos! ¡Pero si son mis sandalias! —se dijo Sheldon—. La pobre solo tiene lo que llevaba puesto cuando desembarcó, y seguro que lo hizo con botas de mar».