Aventura
Aventura Sheldon mejoró rápidamente, recobrando fuerzas cada dÃa que pasaba. Joan se habÃa ocupado de la cocina, y enseguida se dio cuenta el enfermo de que los platos de su casa eran platos de gente civilizada. Ella se ocupaba de preparar la comida, y le atendÃa y animaba de tal forma que a los dos dÃas Sheldon logró finalmente abandonar la galerÃa. Le admiró aquel cambio, y todavÃa más que no pareciese haber nada por allà capaz de sorprender a la joven. Se habÃa instalado y ocupado de todo con tanta naturalidad como si fuese la casa de su padre, de su hermano, o de alguna amiga Ãntima.
—¡Pero si es maravilloso! —le aseguró la muchacha—. Parece el capÃtulo de una novela. Me envÃa aquà la fortuna, después de un largo viaje por mares peligrosos, y me encuentro con un moribundo que tiene a su cargo doscientos esclavos…
—Trabajadores —corrigió él—, jornaleros a mi servicio. Solo están contratados durante tres años, pasados los cuales recuperan su libertad.
—Bien, bien —se apresuró a aceptar la joven—; un moribundo, que tiene a su cargo doscientos trabajadores y que vive en una isla de canÃbales. Porque son antropófagos, ¿no es cierto? ¿O es solo una expresión?
