Aventura
Aventura »Pasé tres años en el internado de Mills, y dos años más en Nueva York, que fue cuando la plantación azucarera de Maui que pertenecÃa a mi padre terminó de quebrar. Los ingenieros realizaron informes incorrectos. Papá habÃa llevado a cabo la construcción de un ferrocarril, por lo que le llamaban loco, y que ayudó a su ruina, aunque más tarde terminarÃa dando beneficios. Pero el dique de Pelaulau fue el remate. No habrÃa pasado nada de no haber sido por aquel repentino pánico bancario… ¡Pobre papá! No quiso decirme nada, pero lo supe por los periódicos y corrà a casa. Antes de aquella época, ya habÃa personas próximas a mà que me decÃan que el matrimonio es todo cuanto puede esperar de esta vida una muchacha honrada, y que tenÃa que olvidar mis sueños románticos. Pero la desgracia de mi padre, en lugar de convertirme en una mujer práctica, me sumió por completo en una vida de novela.
—¿Cuánto tiempo hace de ello? —le preguntó Sheldon.
—La quiebra tuvo lugar el año pasado.
—De modo que… —calculó Sheldon—, dieciséis más cinco, más uno… veintidós. ¿Usted nació en mil ochocientos ochenta y siete?
—SÃ, aunque ese descubrimiento no es precisamente una delicadeza por su parte.
—Lo lamento; se trataba de una operación muy simple.