Colmillo blanco
Colmillo blanco Nada de aquello le gustaba; ni le gustó tampoco que los animales-hombre se levantaran y continuaran con su marcha. Uno de los pequeños animales-hombre cogió por el otro extremo el palo del que iba atada su madre y echó a andar con ella cautiva detrás de él; detrás de Kiche les seguÃa Colmillo Blanco, muy confuso y preocupado por aquella nueva aventura que habÃa comenzado.
Avanzaron valle abajo siguiendo el curso del rÃo, más allá de los amplios lÃmites que habÃa explorado Colmillo Blanco, hasta que llegaron al final del valle, donde la corriente se unÃa al rÃo Mackenzie. AllÃ, donde las canoas estaban suspendidas en el aire sobre altos postes y donde se levantaban los secaderos de pescado, se montó el campamento. Y Colmillo Blanco miró a su alrededor con expresión sorprendida. La sensación de la superioridad del animal-hombre aumentaba por momentos. Allà comprobó su dominio sobre los perros de afilados colmillos. Se respiraba su poder. Pero más grande que aquello, para el cachorro lobo, era el dominio que ejercÃa sobre las cosas que no estaban vivas, su capacidad para cambiar el rostro mismo del mundo.