Colmillo blanco
Colmillo blanco Sin embargo, Hocicos había vivido toda su vida en el campamento y había luchado en muchas ocasiones. Tres, cuatro y media docena de veces sus afilados dientes se clavaron en el recién llegado, hasta que Colmillo Blanco, aullando sin pudor, huyó buscando la protección de su madre. Era la primera de muchas luchas que habría de entablar con Hocicos, ya que se convirtieron en enemigos desde el principio: habían nacido para ello, con naturalezas destinadas a enfrentarse eternamente.
Kiche lamió suavemente a Colmillo Blanco e intentó que se quedara a su lado. Pero su curiosidad era desenfrenada y pocos minutos después probó fortuna en una nueva búsqueda. Se acercó a uno de los animales-hombre: Castor Gris, que estaba sentado en cuclillas haciendo algo con unos palos y musgo seco esparcido a su alrededor en el suelo. Colmillo Blanco se acercó y observó. Castor Gris hizo una serie de ruidos con la boca, que Colmillo Blanco interpretó como no hostiles, así que se acercó todavía más.