Colmillo blanco
Colmillo blanco Como todavía no era un ejemplar adulto, sus mandíbulas no eran lo suficientemente grandes como para que su ataque fuera mortal; pero más de un perro joven había recorrido el campamento con el cuello lacerado como recuerdo de las intenciones de Colmillo Blanco. Y un día, al encontrarse con uno de sus enemigos que estaba solo en el bosque, se las ingenió, después de derribarle varias veces y de atacarle en la garganta, para cortarle la gran vena y dejarle sin vida. Se produjo un gran alboroto aquella noche. Le habían observado, la noticia se le comunicó al amo del perro muerto, las indias recordaron todas las veces que les había robado carne y Castor Gris fue acosado por una multitud de voces enfurecidas. Pero con resolución mantuvo atada la puerta de su tipi, en el interior del cual estaba el culpable, y se negó a permitir la venganza por la que clamaba toda su tribu.