Colmillo blanco
Colmillo blanco Los perros jóvenes tienen que jugar y por las exigencias de la situación entendieron su juego como un remedo de la guerra. Asà fue como la persecución de Colmillo Blanco se convirtió en su juego predilecto —un juego mortal por añadidura—, y siempre un juego muy serio. Él, por otra parte, al ser el más veloz, no tenÃa miedo de arriesgarse en ningún terreno. Durante el perÃodo en el que esperó en vano el regreso de su madre, proporcionó a la jaurÃa muchas persecuciones salvajes por los bosques cercanos. Sin embargo, la jaurÃa perdÃa invariablemente. Sus ruidos y aullidos le advertÃan de su presencia, mientras él corrÃa solo, sigiloso, en silencio, como una sombra que se desliza entre los árboles, según lo hicieran su padre y su madre antes que él. Además, estaba más unido a las Tierras VÃrgenes que los otros y conocÃa más sus secretos y sus estratagemas. Uno de sus trucos favoritos era hacer desaparecer su rastro en el agua y luego permanecer tendido en silencio en alguna espesura, mientras los desconcertados ladridos se elevaban en torno a él.
Odiado por su especie y por los hombres, indomable, permanentemente acosado por la guerra y haciendo él mismo la guerra sin tregua, su desarrollo fue rápido y unilateral. Aquello no era buena tierra para que la bondad o la afectividad florecieran dentro de él. De aquellas cosas no poseÃa el más leve atisbo.