Colmillo blanco
Colmillo blanco En el otoño, cuando los días se acortaron y la dentellada del frío desgarró el aire, Colmillo Blanco tuvo la oportunidad de escaparse. Durante muchos días hubo mucho ajetreo en la aldea. El campamento de verano estaba siendo desmantelado, y la tribu, con bultos y equipaje, se preparaba para la caza del otoño. Colmillo Blanco lo observaba todo con expresión ilusionada y, cuando los tipis comenzaron a desmontarse y las canoas a apilarse en la orilla, comprendió. Muchas de ellas estaban saliendo ya y otras desaparecían río abajo.
Casi de forma deliberada, decidió quedarse atrás. Esperó su oportunidad para escaparse del campamento hacia los bosques. Allí, en el río sobre el que el hielo empezaba a formarse, ocultó su rastro. Después se deslizó hasta el corazón de un denso matorral y esperó. El tiempo pasaba y él quedó durmiendo durante horas. Luego, le despertó la voz de Castor Gris que le llamaba por su nombre. Había otras voces. Colmillo Blanco podía oír a la mujer india de Castor Gris, que tomaba parte en la búsqueda, y a Mit-sah, que era el hijo de Castor Gris.
