Colmillo blanco
Colmillo blanco La primavera estaba cerca cuando Castor Gris finalizó su largo viaje. Era abril y Colmillo Blanco tenía ya un año cuando entraron en la aldea y fue liberado de los arneses por Mit-sah. Aunque todavía le quedaba tiempo para completar su crecimiento, Colmillo Blanco, que seguía a Hocicos, era el ejemplar más grande de un año del poblado. Tanto de su padre, el lobo, como de Kiche, había heredado la estatura y la fortaleza, de tal forma que se acercaba a las dimensiones de los perros adultos. Pero todavía su cuerpo no había alcanzado toda su solidez. Era delgado y ágil, y su fortaleza era más fibrosa que corpulenta. Su pelo era del color gris de los lobos y, bajo todos los puntos de vista, estaba claro que era un verdadero lobo. Los rasgos de perro de Kiche no se habían exteriorizado físicamente, aunque sí en la conformación de su mente.
Vagabundeó por la aldea, reconociendo con satisfacción a los diversos dioses que había conocido antes del largo viaje. Luego estaban los perros: cachorros que crecían como él mismo y perros adultos que no le parecieron tan grandes y formidables como los había conservado en el recuerdo. Sintió menos miedo que antes, avanzando entre ellos con una facilidad más despreocupada, tan nueva para él como maravillosa.