Colmillo blanco
Colmillo blanco Colmillo Blanco estaba físicamente en forma. Sus ejercicios de caza habían sido satisfactorios y durante una semana había comido lo que le correspondía. Se encontraba más que harto de su última matanza. Pero en el momento en que vio a Hocicos, su pelo se erizó a lo largo de todo el lomo. Fue un acto involuntario, la respuesta física que en el pasado siempre había acompañado a la reacción mental que en él producían las bravuconadas y las persecuciones de Hocicos. Como en el pasado se le había erizado el pelo y había gruñido nada más ver a Hocicos, así, en aquel momento y de forma automática, tuvo la misma reacción. No perdió el tiempo. Lo que hizo fue ejecutado a conciencia y con prontitud. Hocicos trató de retroceder, pero Colmillo Blanco le embistió con fuerza, hombro contra hombro. Hocicos cayó derribado y rodó por el suelo. Los dientes de Colmillo Blanco se hincaron en la escuálida garganta de su enemigo. Hocicos luchó contra la muerte y, mientras lo hacía, Colmillo Blanco dio varias vueltas a su alrededor, en guardia y cauteloso. Luego retomó su camino y trotó a lo largo de la base del risco.