Colmillo blanco
Colmillo blanco En pocas palabras, Guapo era una monstruosidad y nadie tenÃa la culpa. Él no era el responsable. Su barro lo habÃan modelado de aquella forma. Se encargaba de hacer la comida para los demás hombres del fuerte, lavaba los platos y hacÃa todo el trabajo penoso. No le despreciaban. Más bien le toleraban de forma humanitaria como cualquiera tolerarÃa a una criatura tratada con maldad por la naturaleza. También le tenÃan miedo. Su ira cobarde hacÃa que los demás temieran un tiro por la espalda o el veneno en el café. Pero alguien tenÃa que hacer la comida y, fueran cuales fueran sus deficiencias, Guapo Smith sabÃa cocinar.
Aquel era el hombre que observaba a Colmillo Blanco fascinado por su feroz valor y el que albergaba el deseo de poseerlo. Desde el principio, hizo movimientos de aproximación a Colmillo Blanco. Este comenzó por no hacerle caso. Más tarde, cuando sus acercamientos se tornaron más insistentes, Colmillo Blanco erizaba su pelo, desnudaba sus dientes y se retiraba. No le gustaba aquel hombre. La sensación que le producÃa era mala. PercibÃa que el mal se hallaba en él y temÃa su mano extendida y las suaves palabras con que le prodigaba atenciones. Por todo aquello, odiaba a aquel hombre.