Colmillo blanco
Colmillo blanco En un principio desconfiado y hostil, Colmillo Blanco comenzó a sentir gusto por aquellos mimos. Pero hubo una cosa que jamás pudo evitar: sus gruñidos. Gruñía desde el momento en que comenzaban las caricias hasta que terminaban. Pero era un gruñido que incluía una nota en su sonido. Un extraño no podría haber captado la nota y aquel ruido no habría sido otra cosa que la exhibición de su salvajismo, de sus nervios crispados y del hervor de su sangre. Pero la garganta de Colmillo Blanco se había endurecido por los feroces sonidos que había emitido durante muchos años desde su primer ataque de furia en el cubil siendo un cachorro, y no podía suavizar los sonidos de su garganta para expresar el placer que sentía. Sin embargo, el oído y la simpatía de Weedon Scott eran suficientemente finos como para percibir la nueva nota camuflada en su ferocidad, la nota que era el indicio más leve de un alegre canturreo en voz baja y que nadie sino él podía advertir.