Colmillo blanco
Colmillo blanco Un momento después, cuando se recobró dijo:
—Siempre insistà en que este lobo era un perro. ¡MÃrele!
Con el regreso del amo, la recuperación de Colmillo Blanco fue rápida. Dos noches y un dÃa pasó en la cabaña. Luego salió resueltamente. Los perros del trineo habÃan olvidado su valor. Recordaban solo lo último, que habÃa sido debilidad y enfermedad. Al verle salir de la cabaña, saltaron sobre él.
—Que me hablen de las casas de mala reputación —murmuró Matt con júbilo en la puerta, desde donde, de pie, lo observaba todo—. ¡Dales fuerte, lobo! ¡Dales fuerte! ¡Un poco más!
Colmillo Blanco no necesitaba aquellos ánimos. El regreso de su amo era suficiente. La vida volvÃa a fluir en su interior, espléndida e indomable. Luchó con profunda alegrÃa, encontrando en ello la forma de expresar sus sensaciones, ya que no podÃa hacerlo mediante las palabras. El final no podÃa ser otro. La jaurÃa se dispersó en vergonzosa derrota y solo cuando oscureció volvieron los perros casi arrastrándose, uno a uno, mostrando a Colmillo Blanco su lealtad a través de la mansedumbre y la humildad.