Colmillo blanco
Colmillo blanco —Eso es lo que digo yo —respondió Matt—. ¿Qué demonios puede hacer usted con un lobo en California?
Pero aquello no satisfizo a Weedon Scott. El otro parecÃa estar juzgándole sin querer comprometerse.
—Los perros del hombre blanco no podrán nada contra él —continuó Scott—. Los matará con mirarlos. Si no me lleva a la bancarrota por daños, las autoridades me lo quitarán y lo electrocutarán.
—Es un auténtico asesino, lo sé —fue el comentario del conductor.
Weedon Scott le miró con suspicacia.
—No funcionarÃa jamás —dijo con decisión.
—No funcionarÃa jamás —repitió Matt—. ¡Toma! TendrÃa que contratar a un hombre para que cuidara de él.
La suspicacia del otro se alivió. Asintió con optimismo. En el silencio que continuó después, el leve y lastimero gemido se oyó en la puerta y luego la larga e inquieta aspiración de nariz.
—No hay duda de que piensa en usted una barbaridad —dijo Matt.
El otro le miró enfurecido repentinamente.
—¡Maldita sea, hombre! ¡Yo sé lo que quiero y sé perfectamente lo que me conviene!
—Estoy de acuerdo con usted, solo que…