Colmillo blanco
Colmillo blanco —¿Solo que qué? —replicó Scott con brusquedad.
—Solo que… —comenzó el conductor con suavidad, luego cambió de idea y mostró su propia cólera—. Bueno, no hace falta que se ponga asÃ. A juzgar por sus actos, uno piensa que no sabe muy bien lo que quiere.
Weedon Scott se debatió unos instantes y luego dijo con más amabilidad:
—Llevas razón, Matt. No sé lo que quiero y ese es el problema. ¡Cómo! SerÃa una auténtica estupidez que yo me lo llevara —explotó después de otra pausa.
—Estoy de acuerdo con usted —fue la respuesta de Matt y de nuevo su jefe se mostró no del todo satisfecho con él.
—Pero, en el nombre del gran Sardanápalo, ¿cómo sabrá que usted se va? —continuó el conductor con ingenuidad.
—Eso es algo que se me escapa, Matt —respondió Scott con un movimiento lastimero de cabeza.