Colmillo blanco
Colmillo blanco Colmillo Blanco subió los escalones con los músculos de las patas en tensión y atravesó el porche con la cola muy levantada, sin dejar de mirar a Dick para resguardar el flanco de un posible ataque y al mismo tiempo prepararse para cualquier feroz manifestación de lo desconocido que pudiera sobresaltarle en el interior de la mansión. Pero ninguna cosa terrorífica le asaltó y, cuando entró, observó con detenimiento a su alrededor, buscando el peligro sin hallarlo. Entonces se tumbó con un gruñido de satisfacción a los pies de su amo y observó todo lo que sucedió después, siempre preparado para incorporarse y luchar por su vida contra los terrores que sentía que le acechaban bajo aquella trampa que era para él el tejado de la morada.