Colmillo blanco
Colmillo blanco El día comenzó esperanzados No habían perdido ningún perro durante la noche y se lanzaron al camino, hacia el silencio, la oscuridad y el frío con el ánimo optimista. Bill pareció haber olvidado su actitud agorera de la noche anterior e incluso se mostró divertido con los perros, hasta que a medio día el trineo tropezó con algo en el camino.
Fue un auténtico desastre. El trineo se quedó boca abajo, encajado entre un tronco y una gran roca, así que se vieron forzados a quitar los arneses a los perros para desenmarañar todo aquel destrozo. Los dos hombres estaban inclinados sobre el trineo e intentaban ponerlo en posición, cuando Henry vio que Una Oreja salía corriendo.
—¡Oye, tú, Una Oreja! —exclamó erguido y con el cuerpo vuelto en dirección al perro.
