Colmillo blanco
Colmillo blanco —Una pata trasera rota —continuó—, tres costillas fracturadas, una por lo menos le ha alcanzado el pulmón. Ha perdido prácticamente toda la sangre del cuerpo. Hay muchas probabilidades de que sufra heridas internas. Ha debido pisotearle. Por no decir nada de tres claros agujeros de bala que le han alcanzado de lleno. Le doy una oportunidad entre un millar y estoy siendo muy optimista. No tiene ni una posibilidad entre diez mil.
—Pero hay que aprovechar cualquier oportunidad —exclamó el juez Scott—. No importa lo que cueste. Póngale bajo rayos X, cualquier cosa. Weedon, telegrafÃa a San Francisco al doctor Nichols. No dudo de usted, doctor, usted comprenderá, pero no debemos cerrarnos ninguna puerta.
El cirujano sonrió con indulgencia.
—Por supuesto, lo comprendo. Se merece todo lo que puedan hacer por él. Debe ser atendido como si se tratara de un ser humano, un niño enfermo. Y no olviden lo que les he dicho de la temperatura. Regresaré a las diez.
Colmillo Blanco recibió todo el cuidado necesario. La sugerencia del juez Scott de que se contratara a una enfermera profesional fue rechazada con indignación por las mujeres, quienes se encargaron de aquella tarea. Y Colmillo Blanco salió vencedor de aquella única oportunidad entre diez mil que le negaba el cirujano.