Colmillo blanco
Colmillo blanco Este no debía ser censurado por su error. Toda su vida había atendido y operado a humanos reblandecidos por la civilización, que vivían vidas bien protegidas y que descendían de generaciones igualmente protegidas. Comparados con Colmillo Blanco, eran frágiles y flojos, y no agarraban la vida con fuerza. Colmillo Blanco procedía directamente de lo salvaje, donde el débil perece pronto y a nadie se le concede protección. Ni en su padre ni en su madre había existido la debilidad, ni en las generaciones que les habían precedido. Una constitución de acero y la vitalidad de lo salvaje eran la herencia de Colmillo Blanco, y se agarraba a la vida, en cuerpo y alma, con la tenacidad que desde tan antiguo pertenecía a todas las criaturas.
Convertido en prisionero, sin poder moverse a causa de las escayolas y las vendas, Colmillo Blanco permaneció así durante semanas. Dormía largas horas y soñaba mucho y, a través de su mente, se sucedía un interminable desfile de visiones de las tierras del norte. Todos los fantasmas del pasado se levantaban y estaban en él. Una vez más vivió en el cubil con Kiche, se arrastró tembloroso hasta las rodillas de Castor Gris para ofrecerle su lealtad, corrió para salvar la vida delante de Hocicos y toda la rugiente confusión de la manada de cachorros.