Colmillo blanco
Colmillo blanco Salió de un sueño que era mitad pesadilla para contemplar a la loba de color rojizo ante él. No estaba a más de una docena de pies de distancia, sentada en la nieve mirándole con tristeza. Los dos perros estaban gimiendo y gruñendo a sus pies, pero a ella no le interesaban. Miraba al hombre y durante cierto tiempo él le devolvió la mirada. No había nada de amenazador en ella. Le miraba tan solo con una gran melancolía, pero él sabía que era la melancolía que se correspondía con un hambre igual de apremiante. Él era el alimento, y verle excitaba en ella todas las sensaciones gustativas. Su boca estaba abierta, la saliva caía y se lamía el hocico con el placer que le proporcionaba la expectación.