Colmillo blanco
Colmillo blanco Ella se sintió extrañamente inquieta y olfateaba y olfateaba con creciente complacencia. Pero el viejo Tuerto tenía sus dudas. Mostró su aprensión e inició una tentativa de retirada. Ella se volvió y le tocó en el cuello con el hocico para darle confianza, y luego tornó a mirar al campamento. Una nueva expresión de astucia asomó a su rostro, aunque no se trataba de la que producía el hambre. El deseo que la impulsaba a avanzar, a acercarse a aquel fuego, a pelear con los perros y a evitar y esquivar los pies de los hombres, la conmovía.
Tuerto se movió con impaciencia detrás de ella; el desasosiego volvió a asaltar a la loba y fue de nuevo consciente de la imperiosa necesidad de encontrar lo que estaba buscando. Se volvió y corrió hacia el bosque, para alivio de Tuerto, que la acompañó hasta que estuvieron al abrigo de los árboles.